jueves, 3 de octubre de 2013

'UMI DA'IBAT




Muchas serán las veces que la vida te obligue a disfrazarte, a camuflarte entre otros, a abandonar tu instinto animal, e incluso que permita que un trozo de tela te amordace y que tengas una capa gruesa de maquillaje hasta en el corazón, tapando todas las irregularidades de su sangre a borbotones, de la naturaleza genuinamente imperfecta de ese motor que te hace una persona única. Serán las veces que sientas que no eres ni la sombra de quien algún día fuiste, y que hubo sueños que se perdieron por el camino.

Es entonces cuando tienes que recordártelo, si no quieres que tu yo más subversivo se lance de cabeza a una mesa camilla con brasero y castañas, entre tanto “pragmatismo” impuesto por los de siempre.
Los buenos navegantes de antaño sabrían bien qué se podía encontrar en la punta de la aguja que señalaba el norte magnético del planeta en la brújula, después de siglos de costumización de una T referente al viento de Tramontana o viento del norte.

La flor de lis, monarquías rancias aparte, siempre fue el emblema de aquellos que marcaban bien su norte personal, la dirección de sus valores y su forma de ver, disfrutar y recibir la vida cada día. Para mí, tiene además el matiz del recuerdo; esos pequeños fragmentos de una línea que, cuando disfruté, significaron felicidad; y que cuando dolieron, supusieron una experiencia de aprendizaje. Y no estamos aquí más que para aprender.


 Mis principios van a la espalda a fuego, so pena de que pesen cuando no me convengan, como esa mochila que se ha ido, que se va, y que se irá llenando en los lugares más recónditos del planeta, con personas de culturas distintas, de lenguas diferentes, pero que enriquecerán un poco más mi paso por este pequeño mundo nuestro.



miércoles, 6 de marzo de 2013

Paredes...



Frankfurt, 29.01

Grandes personas, de ésas que les dan más vueltas al coco que para pensar qué va a conjunto con qué, han llegado a admitir que estas cíclicas temporadas de crisis deben verse como verdaderas oportunidades únicas, como diamantes en bruto, y que nos sirven para aprender.
Oportunidades que nos ayudarán a retarnos a nosotros mismos, a dar lo mejor que tenemos entre las viscerillas en pos a un objetivo marcado, a un sueño o a cualquier proyecto que tengamos entre manos.
He de admitir que veo las situaciones precarias como momentos de destape.
Es muy fácil que los amigos sean amigos viendo el último éxito de Spielberg con la merienda por delante. Juega a darles una ruta con falta de agua, escasez de alimento, la frustración de haberse perdido, cansancio o demás características propias de cualquier medio hostil.
Quítale a esa gachí de la primera cita el maquillaje, los tacones y el wonderbra, y ponle el único e indiscutible pijama de “vuelta a casa después de doce horas harta de currar”.
Dales a unos amigos de universidad un trabajo en distintos países o un volumen de tareas considerable y diles que se vean el domingo.
Dale a un empresario una baja en las ventas, y que el encargado ronde por el lugar del delito en el momento exacto.
No le des de comer al perro en un mes, a ver si te muerde la mano o sigue moviendo la colita por verte.
Dale a una pareja distancia.
Sólo debes unir algún factor limitante, asfixiante o algo jodidillo a una relación humana cualquiera… Destape. Ahí lo tienes. Es en las situaciones complicadas donde verás quién es quién, quién quiere/ se preocupa por qué, y cuál es su implicación con la causa. Ahí ves al valiente, al trepa, al idealista, al positivo, al que grita “se hunde el barco”, al inseguro, al loco… Ante un terremoto están los que van a ayudar a reconstruir la ciudad y salvar el mayor número de vidas posible; y los que se encargan de arramblar con todo lo que queda y formarse un buen botín. Siempre fue así; lástima que la vida sea injusta y recompense al que menos lo merece, pero asumirlo es un gran paso para sentirnos orgullosos de nuestros actos. 

Quizás es en los momentos difíciles cuando te das cuenta de lo que significa la palabra "hogar", o de dónde necesitas estar para sentirte protegido y completo.

Puede ser que ya mi hogar no tenga paredes, esos muros de contención para lluvia, calor, frío y problemas. Puede que ya no se emplace en la antigua carretera de Sevilla-Huelva únicamente, y no tenga sofás de color naranja y cama púrpura y turquesa.
Puede ser que casa no sea el sitio donde sentirnos reconfortados, sino las personas que se encargan de ello. Encontrarnos enfermos o tristes y que alguien venga con una película, un edredón y un abrazo. Estar felices por algo y pensar en el receptor de la primera llamada para contarle la alegría del momento.
Cuando los kilómetros los mides por miles día a día, la velocidad comienza en el nivel “acojonante” del velocímetro, y cuando desayunas en las Islas Canarias o sobrevolando la costa africana, almuerzas por Frankfurt y cenas en Madrid entiendes que “casa” y “paredes” sólo pueden referirse a aquellos que son tus cimientos, tus puntos de apoyo, con los que quieres mirar a través de ventanas altas y tocar todos los techos de tu vida. 
Es en momentos de problemas cuando entiendes por fin que un refugio no es un "que", sino un "quien".

lunes, 13 de agosto de 2012

A ti, ladrón






A ti, cochina rata embustera. A ti, parásito de la sociedad y de tu entorno. A ti, camorrista cobarde achantado a victimista cuando siente la presión policial. A ti, aprovechado de la situación y aventajado de una justicia que creerá que eres inocente hasta que yo tenga que demostrar que me has jodido. A ti, bestia floja que no dobla el lomo, enmascarado y mecido por una crisis actual. A ti, joven conformista que vive en la inmundicia a falta de una motivación mejor que hacer el cafre con los colegas y emplear el tiempo en el salón de su casa con el triplete play-porros-birra. 

A ti, ser que no ve en sus semejantes nada más que un objetivo para sacar tajada. A ti, sanguijuela a la que nunca enseñaron la empatía con uno de los suyos. A ti, mequetrefe de medio pelo que nunca conoció el valor de la confianza, el respeto por la palabra de alguien, o el vínculo inmortal de un choque de manos. A ti, que confundiste la honradez, el sacrificio y la austeridad de alguien con una riqueza que juzgaste superflua. A ti, que te creíste Robin Hood y decidiste que eras el pobre que más merecía. 

A ti, que nunca dormirás seguro porque siempre habrá alguien a quien engañaste señalándote con el dedo, ¡y apuntando en la dirección correcta! A ti, que te jactas de no haber tenido cojones ni para acabarte un libro nunca. A ti, negado de la vida que no conocerá la plenitud y la recompensa por el trabajo bien hecho. A ti, que jamás sabrás qué es sentirse satisfecho por vivir de acuerdo con los valores que tú mismo elijas, y con las metas que sólo tú te marques. A ti, que le diste más importancia a lo material que a tu conciencia.

A ti, ratero, que lo único para lo que me has servido es como llamada de atención para identificar a la gente de tu calaña que se cruce nuevamente en mi vida. A ti, que hiciste que subiera la guardia hasta el punto de que ahora desconfío más de la gente de lo que jamás hubiera pensado ni querido. A ti, que me hiciste plantearme de nuevo, pero con más intensidad, cómo cuando se le tiende la mano a un perro sarnoso puede llegar a mordértela.

A ti, hijo de la grandísima puta, a ti. Te deseo que te devuelvan el daño que provoques diez por cien veces; y que, al final de tus días en este mundo, caigas en el poco sentido que ha tenido tu nauseabunda existencia, esa que se limitó a poner comida en un plato y buscar la manera más fácil de causar, cuando no dolor, lástima a los demás.

viernes, 27 de julio de 2012

Mi carta a Sus Majestades de Oriente o "panem et circenses"






Señor Presidente del Gobierno:
Soy consciente de que no malgasto oportunidad alguna de ponerle a caldo, encargándose usted de darme motivos y argumentos suficientes para ello. Sé que quizá no he sido objetiva porque no alcanzo a ver cuán difícil puede ser levantar un país al completo, en el caso de que se esté levantando. Llego a entender que vuesa merced no tiene culpa de haber sido elegido por tantos y que, seguramente, pondría toda su ilusión en hacer lo mejor por todos ellos.

Y, por ello, debo decirle que he recapacitado. Sí, “mireustez”, aquí donde me ve.
Debemos apretarnos el cinturón, sí. 
Pues claro que veo que hay que apretarse el cinturón, pero no al cuello hasta quedar asfixiados, tampoco le deseo eso. Hago énfasis en que no se lo deseo a usted, porque parece que junto con sus secuaces, es el que queda. Si en ello estamos, mejor que lo hagamos todos ya que, como bien sabrá, solo se enseña siendo un modelo a seguir en aquello que se quiere transmitir. No vale un “cuando seas presidente comerás huevos”, porque casi ninguno de los presentes lo será después de usted.

¿Verdad que desde el Palacio de La Moncloa no se ve tan mal que aquellos hipotecados que perdieron su trabajo estén en la calle (o, los más suertudos, en casa de los abuelos con el rabito entre las piernas) mientras hay viviendas desocupadas, pertenecientes a bancos juguetones declarados insolventes y que han recibido abonos de las arcas públicas bajo su atenta supervisión?

¿Verdad que recortarse un 15% el sueldo (casi como mi hermano mileurista, con estudios universitarios, padre de dos niños pequeños, y que está ya en el último agujero del susodicho cinturón) no le supone tanto a cada español? Usted lo hace, gracias por el detalle, y solo cuenta ahora con la miseria de 78.105,04€ anuales, según Ley de Presupuestos Generales del Estado para este año, y con lo que percibe por ser el secretario general del PP más con, tachán, mantener su plaza como registrador de la propiedad. Bastante parejo con el tiento de 100.000€ mínimos que le dan al pastel sus compañeros en el Gobierno.

Mi condición de solemne rubia al menos me da como para advertir que ser el presi entraña una dificultad extrema, sobre todo, dada la situación que tenía a sus espaldas.

Lo que no me cabe en la cabeza es por qué yo tengo un período de prueba de dos meses con el actual contrato que acabo de firmar, por el que la empresa se asegura el derecho de mandarme de un puntapié a mi puñetera casa si no soy capaz de desempeñar las funciones para las que me admitieron, y usted no.
Tampoco hay sitio en mi cogote para ese razonamiento por el que usted y sus secuaces viajan en una flota de coches de alta gama y yo tengo el abono mensual del Metro de Madrid, al que se le sube el precio día sí y día también.

Me falta espacio intracraneal además para saber por qué sube el IRPF y el IVA mientras los presidentes de los clubes de fútbol se jactan de deber cientos de millones al país y que Hacienda (que somos todos pero, al parecer, unos más que otros) no les aprieta las tuercas porque es el entretenimiento del pueblo, desde el niño más pequeño hasta usted, señor presidente.

No entiendo el porqué de esas primas (que no se quedan en casa, por cierto) para los jugadores de este mismo deporte, las cuales no van a poder gastar en vida, mientras se acaba con la paga de Navidad de un funcionario que ya de hacendado sólo concebía la marca blanca. No me explico ese número de asesores amiguitos por las altas esferas mientras los ayuntamientos no tienen liquidez para pagar a profesionales. Cuénteme, Don Mariano, por qué se va a Polonia y no se persona en el Congreso. Dígame por qué no se lo costea usted mismo, al menos, mientras que las PYMES sigan congelando algunas mensualidades de sus trabajadores, mientras que el hospital de mi hermano no le abone los cateterismos que realiza a los pacientes. Mientras que mi abuela pague su tratamiento médico y si a mi hermana pequeña no le suben los créditos de la universidad un “ypicomil” por ciento el próximo curso.

La verdad es que he recapacitado, como le decía. Ahora le seguiría sin votar, pero en vez de mirarle con asco le miraría expectante, porque estoy segura de que todo se resume en que yo no entiendo de política y en que soy una carajota de bandera. Usted tiene la clave para ayudarnos a todos, no me cabe duda, porque no podría explicarme su actitud de otra manera. Yo, si voy conduciendo un coche, tampoco me molesto lo más mínimo en escuchar al copiloto si sé la ruta perfectamente.

Sólo tengo una humilde petición (petición porque, aunque lo considere un derecho innegable, no quiero olvidar las formas). 
Por favor, en vez de ofrecerme los peces que usted crea convenientes para mí, déme las redes para pescar. En vez de abrirme el grifo estropeado con el caudal de agua que usted estime conveniente, suminístreme las herramientas necesarias para arreglarlo. Sin ser desagradecida, me da grimita que me dé la mano, y no deseo que me guíe por dónde no hay barrancos mientras sigue la venda en mis ojos; quiero un mapa.


También quiero que me explique cómo es capaz de hacer caso omiso ante todo lo que le chilla un pueblo. Transmítame por qué debo quedarme en este país suyo que no me ofrece un futuro sólido, aparte de que sea mi casa y albergue a mis seres queridos. Sólo eso. Aunque quizás sí que me he colado en deseos con esta carta a los Reyes Magos y usted no vaya a explicarme absolutamente nada. No porque no quiera, sino porque simplemente usted no sea capaz.



viernes, 22 de junio de 2012

La fábula de la tortuga y la liebre...






Aquella vieja caravana blanca, casi más parecida a una nevera gigante sin enchufe que a otra cosa, no nos iba a dar más veranos inolvidables. Ya la amortizamos bastante con aquellos años recorriéndonos las montañas al norte del país, y las playas al sur del país vecino. Se quedó aparcada en el Algarve portugués hasta que, al fin, decidimos venderla. Fuimos a realizar el trueque, tal día como hoy hace diez años. Paramos en ese pueblecito fronterizo a desayunar y comprar el periódico en español, como acostumbrábamos a hacer siempre que visitábamos aquello. No sé ya a qué vinieron, pero aquellas palabras se me quedaron grabadas.


Por eso, hoy me engancho a esa vieja bicicleta tuya, quinceañera perdida en medio de la edad del pavo, que no responde a los cambios y no tiene amortiguación alguna. Solo quería sentirte un poco más cerca y demostrarte que sí, que sé que lo que empiezo lo tengo que acabar, tal y como me dijiste aquél día. Aunque sean 300 kilómetros y más de diez horas.


Poco me importan ya las piernas hechas bloques de hormigón armado, la fatiga y las náuseas, la desmotivación de algunos tramos donde decía “¿tú estás segura?”, ese viento en contra que no me para más de lo que me encabrita para apretar, o las quemaduras de segundo grado en toda la espalda, brazos y piernas. Lo hecho, hecho está y, sea más o sea menos, es fruto de un proceso muy lento, en el que mi motivación juega toda la partida. Step by step, day by day.

Muchas gracias por enseñarme a montar en aquella BH rosa, la primera que tuve, con sus adornos a conjunto y sus cuatro ruedas (y luego solo sus dos, “de niña mayor”). Muchas gracias por enseñarme a nadar en casa de los tíos Paco y Elo, con aquella burbuja roja horrorosa. Muchas gracias por estar ahí y merecerte ser mi primera palabra. Muchas gracias por darme la mano y ayudarme mientras intentaba dar mis primeros pasos.

Parece otra de mis memeces pero, dime, ¿de qué va todo esto, si no se trata de poner siempre un pie delante del otro? 




miércoles, 13 de junio de 2012

Lo siento






Y no tiene que ver esto con eslóganes futbolísticos en épocas de centenarios, ni con la famosa canción de Madonna (cuya discografía quemaba sin reparo alguno, por cierto).

No puedo escribir los versos más tristes esta noche; y si pudiera, publicaría una irreverente blasfemia al maestro Neruda. Sin embargo, puedo escribir las palabras que se me antojan más difíciles en mi lengua, y en cualquier otra, en esta noche toledana. Tengo algo que contarte, una historia para no dormir. He aquí el cuento de Niñata Pequeña.

Se creía grande. Se pensaba intocable. Arrasaba con lo que fuera si no le gustaba. Decía que para radical, ella y nadie más; que no le valían las medias tintas y que a mentir, "pa' tu puta casa". O cero o cien, y en unos segundos. Era más soberbia que frágil, más rompible y rota que orgullosa. Si hubiese  sido Atila, el caballo Othar le habría parecido un poni. Tenía lo que quería, y no quería lo que tenía. Lo que fuera, era para ya o era para nunca.

Niñata Pequeña no entendía otros puntos de vista si no se los daban totalmente justificados. Niñata Pequeña se creía una hipócrita si no atravesaba a quien odiara con la mirada, si no lo daba todo por los suyos y por nadie más y, sobre todo, si no actuaba en ese momento como le dictaban sus ganas. Ella creía en el fin, y le importaban muy poco las formas. Menos que muy poco. Sabía lamerse bien sus heridas, y no la dejaban sin dormir las hemorragias ajenas.

Un día, a Niñata Pequeña le dio por pensar y quiso crecer. Esta vez, supo que no era aquel conocido capricho de algo que se consigue en un día o se abandona.

Muchas veces no sabe cómo hacerlo, qué puerta abrir, cuándo ir y hacia dónde dirigirse, con lo que ahora se deja llevar por el segundo instinto y no por el primero. De vez en cuando parece que acierta, y es entonces cuando sucede que la vida va ayudando, poco a poco, a que deje de ser Niñata Pequeña. Lleva algún tiempo parándose a ver cómo están los demás que comparten su camino. Se pregunta  por qué las personas actúan como personas, y ya no odia, de buenas a primeras, sino que hace por comprender las circunstancias de cada uno.

Quería ser una vieja loba. Aprendió a autoexigirse un poco más día a día, a progresar de cara a un hoy y a un mañana. Ya no está quieta ni un segundo. Va sin taparse, valorando cada uno de sus lunares, sus pequitas, sus cicatrices y sus cardenales, de todo lo que la hace el más feo de los desórdenes. Sabe que mientras muchos se sientan a esperar algo que creen suyo por derecho, ella lo obtendrá con mucho esfuerzo. Y, si bien se cae durante ese trayecto, no desfallece.

Pero parece imposible mirar al futuro ignorando el pasado.

Llegados a este punto, a la fe de erratas temida por cualquier diario, siento la necesidad de cambiar mi relato a primera persona. No es justo, sino arrogante, cargarle a otra niñata lo que alguna vez esta menda hiciera.

Todavía hoy estoy segura de que cualquier decisión que tomaba estaba exenta de malas/dobles intenciones y que primaba mi código de honestidad; que de no haber sido de esa manera me habría mentido a mí misma y a los demás; y que me equivoqué en las formas no mil, sino dos mil y una veces.

Con veinticuatro primaveras, estoy segura de que me queda todavía mucho que correr por tierra, aire y mar, pero si algo he aprendido es que es necesario emprender el viaje con una mochila bien hecha, desde el fondo.

Por eso, tras mucho tiempo bloqueando recuerdos, tras muchas noches diciéndome que no merecía la pena y que era mejor dejarlo estar, quiero que las palabras que siempre se me atragantan y se pierden a medio camino entre mi garganta y quien me escucha, salgan. Siento verdaderas ganas de pedir perdón a quien hice daño, a quien ignoré, a quien no le di el sitio que mereció, a aquellas personas de quien no me preocupé lo suficiente, y a quien pisé sin querer.


martes, 1 de mayo de 2012

Bienvenido a la República independiente de mi aldea






Feliz día del trabajo. Otro día para festejar señalado en el calendario. Cómo me gusta, ya me estoy relamiendo…

Como buen país de cerdos con denominación de origen, a los ibéricos nos encanta revolcarnos en la propia mierda que soltamos. Nos mola, admitámoslo, quejarnos entre tapitas y cervezas, reírnos con Espeonza por Twitter o ver los montajes de fotos en el caralibro. Luego hacemos poco con la que nos está cayendo encima. Quizá nadie caiga en que somos los únicos arquitectos de lo que nos pase.

Dejemos siniestras derechas e izquierdas derechas al despiporre de lado, olvidemos gobiernos fantasmales de las navidades pasadas que dejan herencias, promesas mucho más invisibles para las navidades presentes y tijeras tétricas para las navidades de un futuro inmediato. Paremos de darle el codazo al vecino de junto (o que venía detrás) cuando nosotros no contamos con la respuesta.

Y empecemos a ver lo que verdaderamente importa. La gente, la peña, the people, el pueblo, everybody. 

¿Nadie más se sulfura por vivir en un país de puercos y chorizos de cantimpalo? En una tierra de amnistías a los golfos que más tienen y de “céntimos sanitarios”, “nuevas tasas a hoteles y hostales” y “nuevos impuestos judiciales y administrativos”. Primo, que mientras tú te partes el lomo de lechón Urdanga se va de rositas previo pago (uf, ¡cómo me cuesta imaginar de dónde va a salir eso!), Camps no dice ni esta boca es mía, Zetapé no asume que la lía parda y el nuevo Mr. President le pone bien el culo a Europa. Tu culo. Ojo al dato, que están contentísimos con él, que va a llegar a los mínimos que le exigen para seguir en la vieja alianza todopoderosa. Y a costa de qué…

Nos vemos, me voy a la sabana africana, que aquí hay más hienas.

Pues claro, churripan, no va a conseguir lo que le piden… Es la gran estrategia de “No, yo no bajo las pensiones, pero subo el IRPF, pongo los despidos en bandeja de plata, propongo impuestos para transportes, gasofa, peajes, luz, hipotecas y ahora, lo más gordo; subo el IVA”. Lo que más debería escamarnos es que nos tomen por solemnes imbéciles dignos de estudio, el “novamás” en lo que a gilipollez suprema se refiere: ¿pero es que no entienden el mecanismo del vídeo? Sí, Mariano de mi vida, el cacharro ese en el que se queda la mentira que sueltas y que cuando te desdices te la escupe en la cara. 

Declaro públicamente mi admiración absoluta a la facilidad que tienen todos los políticos para dormir por las noches, debida, supongo, a la falsa creencia de que nos encanta chuparnos el dedo.

Nos vemos, me voy al outback australiano, a las antípodas de Marranín.

Y por una vez parece que llegamos al acuerdo. Gobierno central, autonomías, ayuntamientos y la madre que los echó a todos cuando se trata de buscarle las cosquillas al ciudadano de a pie o a coche. ¿Alguno ha visto cómo va el ránking de multas en estos últimos años de crisis? ¿Y en estos meses? Si se trata de aplicar copagos, establecer impuestos, EREs (tonto del ciruelo y no te das cuenta de que me lo llevo calentito pa’ gastarlo en coca) y racaneos varios todo quisqui aplaude. Bravo, rabo.

Nos vemos, me voy a un monasterio nepalí, que lo mismo allí están los sindicatos de ley y la prensa fidedigna reflexionando en busca de la verdad.

Hablando en plata, vivo en el país del bombo y la pandereta. En la nación de la feria, del borracho, del paleto y del “cuñado de”. En el hogar de leyes absurdas y políticas segregatorias “antidiscriminatorias”. De publicidad engañosa, de campañas sometidas a una supervisión cerrada de nuestros mandatarios. Los medios de comunicación siguen en los laureles, y esa es la mentira que me digo cada día para no pensar en que simplemente bailan al son de la guitarra, azul o roja, que más monedas les deje. Sólo nos importan las guerras que se resumen en manteca (con el bigotes del cuaderno azul sólo existía Irak, mientras que había otros 39 conflictos simultáneos). Nos tiramos días y días con el puto pie de un niño tonto, hijo de deficientes, nieto de excelencias rancias y heredero de una mala educación en cuanto a armas de fuego (cómo se nota que a los niños del pueblo llano les dan azotes en las manos añadiendo un “no se toca lo que no es tuyo”). Ganamos una copa mundial y es lo único que ocurre en el planeta. En verano hay olas de calor sofocante y en invierno lluvias. Gracias, telediario, tú siempre tan observador.

Nos vemos, me voy a la selva venezolana, ahí las víboras tienen piel de víboras, y no tienes que esperar a que su lengua viperina te embelese para reconocerlas.

Pero no vemos que un impactante tanto por ciento de la población española está por debajo del umbral de la pobreza. No caemos en la cuenta de que en Islandia echan a sus políticos, encierran a sus banqueros y todo les va mejor. No nos cegamos como deberíamos por el fuego de los contenedores en Grecia. La primavera árabe y la ocupación de plazas en El Cairo no nos alumbran para desafiar sistemas anticuados y promesas de bienestar incumplidas. Mejor dejemos que el nuevo gobierno nos prohíba reunirnos y manifestarnos; ya dan igual acampadas, indignaciones, asambleas y pancartas. Mejor quedémonos impasibles ante su falta de compromiso y la de los que le precedieron. ¿Nadie se pregunta cuántos sets le quedan a este partido de tenis que ya cansa?

Nos vemos, me voy a cualquier montaña del cuerno de África. Los buitres se ven a kilómetros, y no desde que ya los has votado.

Lo mismo la rubia es tonta, y no cae en la verdadera idiosincrasia de la necesidad imperiosa de tantos miembros y miembras (gracias, revisor de Word, por señalar tal blasfemia en rojo; tú sí que me entiendes) de todas las facciones políticas. 3 veces más que las fuerzas de seguridad del estado. Y mientras congelamos algunas oposiciones, hacemos que otras desaparezcan o convocamos un número de plazas de mierda para las necesidades de la creciente población. Recortes en desarrollo empresarial, recortes en educación, recortes en investigación. Y la Pilarica con manto nuevo, que no se resfríe.

Nos vemos, me voy al Congo, que he oído que allí cuidan mejor a los cachorros del bicho que sea que aquí a nuestra juventud.

“La amiga de”, de formación dudosa, es consejera máxima de Perico Palotes, el boss. Tiene don de gentes y una gran capacidad de resolución de problemas, por lo que cobra con muchos ceros. Licenciados en periodismo, con las mismas competencias resolutivas y que se quieren quedar en su tierra, se dedican a entrenar al equipo de natación del pueblo por minucias, o si viajan pueden trabajar en un restaurante hasta que aprendan el idioma y puedan ejercer para lo que se han formado. Yuhu. Ingenieros que cobran cuatro veces más bajo otra bandera están a la orden del día. Gente con 5 idiomas que se dedica a coger becas que empiezan a escasear, a hacer cursos y desplazarse, si no tienen la “suerte” de encontrar un trabajo en el que se les considere el jarrillo de lata o parche que vale lo mismo para un roto que para un descosido. Otros piden que se les devuelva el tiempo de estudio invertido para exámenes que no se van a celebrar. Y todavía nos atrevemos a preguntar que a qué se debe tal fuga de cerebros. 

Me parece que fuera ayer cuando veía las caceroladas en Argentina y pensaba que eso no nos podía pasar, que en Europa el esfuerzo se reconoce, los ladrones y demás delincuentes van a la cárcel y pierden el aprecio de los gobiernos, que las políticas son justas e igualitarias, que los sindicatos abogaban por los derechos del trabajador y que sabríamos sacarle el máximo partido a la tierra, el clima y la cultura cuyo amparo se nos ha dado desde que nacimos. ¡Qué chica era!

Si nuestros padres, abuelos, predecesores o demás personas que lucharon para darnos el bienestar del que hasta hace poco gozábamos levantaran la cabeza, después de darse con la tapa se volverían a acostar y también dirían “nos vemos, cojo las maletas de nuevo y me voy a Suiza o a Alemania, con todo el dolor de mi corazón, que se destripen unos a otros todos los gorrinos”. 

Cuando la encuentre, sed bienvenidos a la República independiente y laica de mi aldea. Sí, república; sin reyes cazadores impuestos por nadie sabe quién (o todos sabemos quién; y sin viejos jefes, parciales y ciegos). Sí, independiente; sin organismos internacionales ante los que ponerse en pompa. Sí, laica; sin fondos destinados a la religión de sólo algunos. Mejor que cada uno nos paguemos nuestras drogas. Y, sobre todo, sí, de mi aldea; preocupada por la tribu, las personas que allí habiten.