miércoles, 13 de junio de 2012

Lo siento






Y no tiene que ver esto con eslóganes futbolísticos en épocas de centenarios, ni con la famosa canción de Madonna (cuya discografía quemaba sin reparo alguno, por cierto).

No puedo escribir los versos más tristes esta noche; y si pudiera, publicaría una irreverente blasfemia al maestro Neruda. Sin embargo, puedo escribir las palabras que se me antojan más difíciles en mi lengua, y en cualquier otra, en esta noche toledana. Tengo algo que contarte, una historia para no dormir. He aquí el cuento de Niñata Pequeña.

Se creía grande. Se pensaba intocable. Arrasaba con lo que fuera si no le gustaba. Decía que para radical, ella y nadie más; que no le valían las medias tintas y que a mentir, "pa' tu puta casa". O cero o cien, y en unos segundos. Era más soberbia que frágil, más rompible y rota que orgullosa. Si hubiese  sido Atila, el caballo Othar le habría parecido un poni. Tenía lo que quería, y no quería lo que tenía. Lo que fuera, era para ya o era para nunca.

Niñata Pequeña no entendía otros puntos de vista si no se los daban totalmente justificados. Niñata Pequeña se creía una hipócrita si no atravesaba a quien odiara con la mirada, si no lo daba todo por los suyos y por nadie más y, sobre todo, si no actuaba en ese momento como le dictaban sus ganas. Ella creía en el fin, y le importaban muy poco las formas. Menos que muy poco. Sabía lamerse bien sus heridas, y no la dejaban sin dormir las hemorragias ajenas.

Un día, a Niñata Pequeña le dio por pensar y quiso crecer. Esta vez, supo que no era aquel conocido capricho de algo que se consigue en un día o se abandona.

Muchas veces no sabe cómo hacerlo, qué puerta abrir, cuándo ir y hacia dónde dirigirse, con lo que ahora se deja llevar por el segundo instinto y no por el primero. De vez en cuando parece que acierta, y es entonces cuando sucede que la vida va ayudando, poco a poco, a que deje de ser Niñata Pequeña. Lleva algún tiempo parándose a ver cómo están los demás que comparten su camino. Se pregunta  por qué las personas actúan como personas, y ya no odia, de buenas a primeras, sino que hace por comprender las circunstancias de cada uno.

Quería ser una vieja loba. Aprendió a autoexigirse un poco más día a día, a progresar de cara a un hoy y a un mañana. Ya no está quieta ni un segundo. Va sin taparse, valorando cada uno de sus lunares, sus pequitas, sus cicatrices y sus cardenales, de todo lo que la hace el más feo de los desórdenes. Sabe que mientras muchos se sientan a esperar algo que creen suyo por derecho, ella lo obtendrá con mucho esfuerzo. Y, si bien se cae durante ese trayecto, no desfallece.

Pero parece imposible mirar al futuro ignorando el pasado.

Llegados a este punto, a la fe de erratas temida por cualquier diario, siento la necesidad de cambiar mi relato a primera persona. No es justo, sino arrogante, cargarle a otra niñata lo que alguna vez esta menda hiciera.

Todavía hoy estoy segura de que cualquier decisión que tomaba estaba exenta de malas/dobles intenciones y que primaba mi código de honestidad; que de no haber sido de esa manera me habría mentido a mí misma y a los demás; y que me equivoqué en las formas no mil, sino dos mil y una veces.

Con veinticuatro primaveras, estoy segura de que me queda todavía mucho que correr por tierra, aire y mar, pero si algo he aprendido es que es necesario emprender el viaje con una mochila bien hecha, desde el fondo.

Por eso, tras mucho tiempo bloqueando recuerdos, tras muchas noches diciéndome que no merecía la pena y que era mejor dejarlo estar, quiero que las palabras que siempre se me atragantan y se pierden a medio camino entre mi garganta y quien me escucha, salgan. Siento verdaderas ganas de pedir perdón a quien hice daño, a quien ignoré, a quien no le di el sitio que mereció, a aquellas personas de quien no me preocupé lo suficiente, y a quien pisé sin querer.


martes, 1 de mayo de 2012

Bienvenido a la República independiente de mi aldea






Feliz día del trabajo. Otro día para festejar señalado en el calendario. Cómo me gusta, ya me estoy relamiendo…

Como buen país de cerdos con denominación de origen, a los ibéricos nos encanta revolcarnos en la propia mierda que soltamos. Nos mola, admitámoslo, quejarnos entre tapitas y cervezas, reírnos con Espeonza por Twitter o ver los montajes de fotos en el caralibro. Luego hacemos poco con la que nos está cayendo encima. Quizá nadie caiga en que somos los únicos arquitectos de lo que nos pase.

Dejemos siniestras derechas e izquierdas derechas al despiporre de lado, olvidemos gobiernos fantasmales de las navidades pasadas que dejan herencias, promesas mucho más invisibles para las navidades presentes y tijeras tétricas para las navidades de un futuro inmediato. Paremos de darle el codazo al vecino de junto (o que venía detrás) cuando nosotros no contamos con la respuesta.

Y empecemos a ver lo que verdaderamente importa. La gente, la peña, the people, el pueblo, everybody. 

¿Nadie más se sulfura por vivir en un país de puercos y chorizos de cantimpalo? En una tierra de amnistías a los golfos que más tienen y de “céntimos sanitarios”, “nuevas tasas a hoteles y hostales” y “nuevos impuestos judiciales y administrativos”. Primo, que mientras tú te partes el lomo de lechón Urdanga se va de rositas previo pago (uf, ¡cómo me cuesta imaginar de dónde va a salir eso!), Camps no dice ni esta boca es mía, Zetapé no asume que la lía parda y el nuevo Mr. President le pone bien el culo a Europa. Tu culo. Ojo al dato, que están contentísimos con él, que va a llegar a los mínimos que le exigen para seguir en la vieja alianza todopoderosa. Y a costa de qué…

Nos vemos, me voy a la sabana africana, que aquí hay más hienas.

Pues claro, churripan, no va a conseguir lo que le piden… Es la gran estrategia de “No, yo no bajo las pensiones, pero subo el IRPF, pongo los despidos en bandeja de plata, propongo impuestos para transportes, gasofa, peajes, luz, hipotecas y ahora, lo más gordo; subo el IVA”. Lo que más debería escamarnos es que nos tomen por solemnes imbéciles dignos de estudio, el “novamás” en lo que a gilipollez suprema se refiere: ¿pero es que no entienden el mecanismo del vídeo? Sí, Mariano de mi vida, el cacharro ese en el que se queda la mentira que sueltas y que cuando te desdices te la escupe en la cara. 

Declaro públicamente mi admiración absoluta a la facilidad que tienen todos los políticos para dormir por las noches, debida, supongo, a la falsa creencia de que nos encanta chuparnos el dedo.

Nos vemos, me voy al outback australiano, a las antípodas de Marranín.

Y por una vez parece que llegamos al acuerdo. Gobierno central, autonomías, ayuntamientos y la madre que los echó a todos cuando se trata de buscarle las cosquillas al ciudadano de a pie o a coche. ¿Alguno ha visto cómo va el ránking de multas en estos últimos años de crisis? ¿Y en estos meses? Si se trata de aplicar copagos, establecer impuestos, EREs (tonto del ciruelo y no te das cuenta de que me lo llevo calentito pa’ gastarlo en coca) y racaneos varios todo quisqui aplaude. Bravo, rabo.

Nos vemos, me voy a un monasterio nepalí, que lo mismo allí están los sindicatos de ley y la prensa fidedigna reflexionando en busca de la verdad.

Hablando en plata, vivo en el país del bombo y la pandereta. En la nación de la feria, del borracho, del paleto y del “cuñado de”. En el hogar de leyes absurdas y políticas segregatorias “antidiscriminatorias”. De publicidad engañosa, de campañas sometidas a una supervisión cerrada de nuestros mandatarios. Los medios de comunicación siguen en los laureles, y esa es la mentira que me digo cada día para no pensar en que simplemente bailan al son de la guitarra, azul o roja, que más monedas les deje. Sólo nos importan las guerras que se resumen en manteca (con el bigotes del cuaderno azul sólo existía Irak, mientras que había otros 39 conflictos simultáneos). Nos tiramos días y días con el puto pie de un niño tonto, hijo de deficientes, nieto de excelencias rancias y heredero de una mala educación en cuanto a armas de fuego (cómo se nota que a los niños del pueblo llano les dan azotes en las manos añadiendo un “no se toca lo que no es tuyo”). Ganamos una copa mundial y es lo único que ocurre en el planeta. En verano hay olas de calor sofocante y en invierno lluvias. Gracias, telediario, tú siempre tan observador.

Nos vemos, me voy a la selva venezolana, ahí las víboras tienen piel de víboras, y no tienes que esperar a que su lengua viperina te embelese para reconocerlas.

Pero no vemos que un impactante tanto por ciento de la población española está por debajo del umbral de la pobreza. No caemos en la cuenta de que en Islandia echan a sus políticos, encierran a sus banqueros y todo les va mejor. No nos cegamos como deberíamos por el fuego de los contenedores en Grecia. La primavera árabe y la ocupación de plazas en El Cairo no nos alumbran para desafiar sistemas anticuados y promesas de bienestar incumplidas. Mejor dejemos que el nuevo gobierno nos prohíba reunirnos y manifestarnos; ya dan igual acampadas, indignaciones, asambleas y pancartas. Mejor quedémonos impasibles ante su falta de compromiso y la de los que le precedieron. ¿Nadie se pregunta cuántos sets le quedan a este partido de tenis que ya cansa?

Nos vemos, me voy a cualquier montaña del cuerno de África. Los buitres se ven a kilómetros, y no desde que ya los has votado.

Lo mismo la rubia es tonta, y no cae en la verdadera idiosincrasia de la necesidad imperiosa de tantos miembros y miembras (gracias, revisor de Word, por señalar tal blasfemia en rojo; tú sí que me entiendes) de todas las facciones políticas. 3 veces más que las fuerzas de seguridad del estado. Y mientras congelamos algunas oposiciones, hacemos que otras desaparezcan o convocamos un número de plazas de mierda para las necesidades de la creciente población. Recortes en desarrollo empresarial, recortes en educación, recortes en investigación. Y la Pilarica con manto nuevo, que no se resfríe.

Nos vemos, me voy al Congo, que he oído que allí cuidan mejor a los cachorros del bicho que sea que aquí a nuestra juventud.

“La amiga de”, de formación dudosa, es consejera máxima de Perico Palotes, el boss. Tiene don de gentes y una gran capacidad de resolución de problemas, por lo que cobra con muchos ceros. Licenciados en periodismo, con las mismas competencias resolutivas y que se quieren quedar en su tierra, se dedican a entrenar al equipo de natación del pueblo por minucias, o si viajan pueden trabajar en un restaurante hasta que aprendan el idioma y puedan ejercer para lo que se han formado. Yuhu. Ingenieros que cobran cuatro veces más bajo otra bandera están a la orden del día. Gente con 5 idiomas que se dedica a coger becas que empiezan a escasear, a hacer cursos y desplazarse, si no tienen la “suerte” de encontrar un trabajo en el que se les considere el jarrillo de lata o parche que vale lo mismo para un roto que para un descosido. Otros piden que se les devuelva el tiempo de estudio invertido para exámenes que no se van a celebrar. Y todavía nos atrevemos a preguntar que a qué se debe tal fuga de cerebros. 

Me parece que fuera ayer cuando veía las caceroladas en Argentina y pensaba que eso no nos podía pasar, que en Europa el esfuerzo se reconoce, los ladrones y demás delincuentes van a la cárcel y pierden el aprecio de los gobiernos, que las políticas son justas e igualitarias, que los sindicatos abogaban por los derechos del trabajador y que sabríamos sacarle el máximo partido a la tierra, el clima y la cultura cuyo amparo se nos ha dado desde que nacimos. ¡Qué chica era!

Si nuestros padres, abuelos, predecesores o demás personas que lucharon para darnos el bienestar del que hasta hace poco gozábamos levantaran la cabeza, después de darse con la tapa se volverían a acostar y también dirían “nos vemos, cojo las maletas de nuevo y me voy a Suiza o a Alemania, con todo el dolor de mi corazón, que se destripen unos a otros todos los gorrinos”. 

Cuando la encuentre, sed bienvenidos a la República independiente y laica de mi aldea. Sí, república; sin reyes cazadores impuestos por nadie sabe quién (o todos sabemos quién; y sin viejos jefes, parciales y ciegos). Sí, independiente; sin organismos internacionales ante los que ponerse en pompa. Sí, laica; sin fondos destinados a la religión de sólo algunos. Mejor que cada uno nos paguemos nuestras drogas. Y, sobre todo, sí, de mi aldea; preocupada por la tribu, las personas que allí habiten.

lunes, 23 de enero de 2012

Yo, mi, me, conmigo o "de cómo me limpio el culo y me sabe rico”



Ego ipse sum. O, tras tomarme la licencia de realizar lo que se conoce como traducción libre: “deja paso que llego yo, nada más y nada menos, y no te estoy viendo besar por donde piso”.

Los grandes pensadores de nuestra época no están ninguno en un laboratorio (¿averiguando qué?). Ni encerrados en bibliotecas (¿documentándose para qué?). Ni en un monasterio perdido en la montaña (¿por dónde, dices?). Ni en la NASA (¿mande?).

Esos son pringados de tres al cuarto. No hagáis ni caso, que aquí los que cuentan son nuestros Einsteins de andar por casa. Valientes héroes anónimos que con su blanco corcel y su ordenador o smartphone por espada y escudo (¡qué fácil lo tenemos ahora!) luchan contra la gran represión de aquellos que, a su juicio (el único y omnipotente siempre), no permiten libertad de expresión alguna.
Yo, porque soy yo y no otro, dónde vamos a parar, me encuentro en la valiosa misión de decir lo que a mí (aprovecho para decir “¡viva yo!”, que ya me lo voy mereciendo) se me pasa en este instante por mi bendita cabeza, y los demás son tan inteligentes y educados como para no contradecirme jamás, da igual cómo lo haya soltado, porque los santos efluvios de mis pensamientos (no de los tuyos, no, de los míos, de los míos) son tan mágicos como indispensables, tan acertados como infinitos y tan ecuánimes como veraces, porque mi verdad es la única circunstancia que puede entenderse y otro planteamiento jamás cabría. ¿O cupería? No sé, tenéis que (Ojo, que es vuestro deber) entender mis circunstancias: YO (así, que en mayúscula me gusto más) sólo he acabado mis estudios primarios y me he tatuado la cara de Belén Esteban en el brazo, la patrona de todos los que defendemos nuestras opiniones, medios de comunicación y difusión en mano, sin que nos importen más factores mundanos.

Factores mundanos tales como el idioma, en general, o la argumentación, en concreto. Yo (uf, qué cosquilleo, no me cansaré de repetirlo), en este código lingüístico que es el español, utilizo las palabras como yo, en la amplitud de mis conocimientos, sé qué son. Jamás me rebajaría a buscar en un diccionario estas dos palabras cualquiera porque vosotros las malinterpretéis, ya que ambas (¿ambas dos? ¿o en eso no tengo que repetirme porque no va de mí?) significan lo que sé.

Argumentación, ¿quién te necesita a ti a la hora de expresar una opinión? Si lo importante es que se suelte como sea, y que luego los demás la respeten, sea cual sea. Esta digna persona opina (ya he dejado caer el comodín, ahora no hay dios que pueda parar la sarta de gilipolleces que podría llegar a decir) que eso que tú te has encargado de buscar o hacer para los demás (con tu tiempo invertido, tus conocimientos al respecto, etc.) es una mierda. Punto. Mientras me rasco a dos manos. Y hasta que no respondas (acribillándome, porque una respuesta no es otra cosa que una violación a mi exquisita percepción de las cosas), no te digo por qué pienso lo que pienso. Y ya, donde dije digo, digo Diego, pero hasta que tú me cuestiones, si lo haces, nuestro gran público se queda con lo principal, lo que yo he pensado. Porque… ¿a quién no le importa lo que a mí, esa persona que en mis estados pongo el sagrado pronombre de primera persona en mayúscula ante todo, me ocurre? ¿Cómo os voy a dejar sin esos pedacitos de mi todopoderoso cerebro?

Muchas veces temo que esta pequeña parodia que acabo de representaros sea la regla vigente, y no el destello ególatra de unos cuantos que confunden libertad con libertinaje y que, cuando se les pide explicaciones (no cuando se les acalla, que eso sí es la abominable censura) se sienten atacados, defendiéndose al grito de “es mi opinión y la respetas”.

No. Mal. Muy mal. Craso error. Una valoración, por muy subjetiva que sea, debería ir acompañada de una línea de argumentación que haga que el resto de seres humanos entiendan la razón de ser de la publicación en concreto. No puedo soltar lo que sea, cuando sea, como sea y a quien sea y, para más INRI, esperar que todos respeten siempre lo que digo, porque no hay lugar a error en mis planteamientos. Podría encontrarme con algo que mis blanditas orejas, anestesiadas por los algodones del libertinaje de expresión que vivimos no están acostumbradas a escuchar: “¿quién carajo eres tú?” y “¿a ti quién coño te ha preguntado?”.

Esto es mi humilde apreciación, que soy una dentro de ese grueso de siete mil millones, pero creo que podría llegar a entender, y mi corazón no quedaría azotado vilmente, si me decís que preferís limpiaros vuestras partes nobles con ella. Servíos.

lunes, 5 de diciembre de 2011

De barreras, escalones, rampas, saltos, jaulas y pasos a nivel




De puertas...

A veces se dice que “cuando Dios te cierra una puerta, te abre una ventana”.
Quizás oigas que “se le cerraron las puertas”.
A lo mejor escuchas que “no vio la puerta que tenía abierta”.

Una puerta no es más que un límite, físico o mental, que te contiene, o que te separa de algo. Normalmente, se tiende a pensar que el hecho de que la posición de la puerta, abierta o cerrada, sea ésa se debe a factores externos.

Unos lo llaman voluntad divina.
Otros lo reconocen como suerte o destino.
Los de más acá dicen que tiene que ver con los que te rodean, que se encargan de moverlas a su antojo.
Sin embargo, los de más allá opinan que está en cada uno poder decidir cuales son las puertas que vamos a abrir, y cuáles las que cerrar.
Bravo por los de más allá, que aun siendo tres gatos, son los que tienen el futuro en sus manos.

Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, así que todos debemos ser muy conscientes de cuándo queremos abrir una puerta. Podemos llevarnos gratas sorpresas, y podemos encontrar peligros a los que no estábamos anteriormente expuestos.

Si dejas abiertas puertas, debes saber que pueden entrar ladrones o incluso dementores, como yo los llamo. Todos conocemos a alguno de estos seres. Ojalá pudiera compararse que te quiten el oro y las joyas con que te quiten la alegría, la sal de la vida, o lo que tengas por “alma”, si crees en ella. Vamos, tu felicidad, que sí que es una y omnipotente.

Puede darse que, justo cuando decides que vas a salir de tus murallas inexpugnables para disfrutar más de lo que hay fuera, para implicarte más que nunca, para que los demás te importen por fin de verdad, y para sentir empáticamente, te encuentres con personas a las que tus nuevos objetivos en la vida no les importen un bledo. Cosa, por otro lado, muy respetable.

Quizás soy muy joven todavía en esto de preocuparme, o no he sido nunca sensible, o aún no me hago a la idea de que las personas actúen de manera diferente a como yo lo haría, que me cuesta pensar que haya dementores dispuestos a robarme la felicidad que antes tenía completa, o dispuestos a anteponer su bienestar al del grupo completo, o dispuestos a minar los ánimos e ilusiones de los demás, o dispuestos a herirnos gratuitamente por egoísmo, por intereses, por falta de seguridad o por aburrimiento incluso.

Merece la pena tener mi puerta abierta, sí, ya sea sólo por conocer a algunas personas que me brindan mucho de ellas, de las que puedo aprender, con las que puedo compartir, que son mágicas, que me recargan la batería animándome, y que hacen que con ellas sea un gustazo emprender nuevos caminos. Aquellas con las que luego contarás las historias que viviste, ésas que comparten tus valores, las que intentan dejar de verdad el mundo un poco mejor de como se lo encontraron.

Hoy, la autolección que debo aprender es a dar cerrojazo y a alejarme, como bien decía Emilio Duró, de aquellos que hacen que el día que más cantando me levante, más triste me acueste si nada lo evita. Empecemos por ignorar a aquellos a quienes no les importas, que apenas conoces siquiera, o personas que están absortas en maquiavélicas estrategias que mi condición de mongola emocional nunca llegará a concebir. Portazo en las narices, y si viene otro a dárselo, que tengo las manos ocupadas contando las experiencias positivas que vamos a vivir sin estos verdes/grises.

La 9a sinfonía, y su cuarto movimiento, el Himno de la alegría, se forma con las mismas siete notas que el Requiem de Mozart. Tú, con lo que tienes, eres quien decide qué tocar.

Y que te duela es inevitable. Ya sufrir es opcional.




viernes, 14 de octubre de 2011

De halcones




Hoy va a ser corto. A veces no son necesarias muchas palabras - de hecho, en algunos casos, ninguna - para expresar un sentimiento que ronde por tu mente.

"Asciende con la suavidad de un deseo, y desciende a por su objetivo con la rapidez de una maldición." (Proverbio árabe en el caligrama).


miércoles, 28 de septiembre de 2011

londoners





Prioriza tus opciones y enfoca tus esfuerzos en los objetivos marcados, por orden. Coloca primero las piedras grandes, que luego tendrás sitio para los guijarros, y ya irá cabiendo la gravilla… Al revés nunca.
Ésa era una de las conclusiones a las que llegaba una dinámica que me hicieron una vez, y parece que, una década después casi, la que ahora es maestra y no pupila empieza a entenderlo o a practicarlo.
Quizás todo este torbellino que me rodea sea una de las razones por las que hace más de un mes que no escribo (que no publico, más bien).

Hace algunas semanas vi Closer, película donde las haya, que tiene como marco la ciudad de Londres.
A raíz de ello, pensé en hacer un recorrido, como hice con Kandersteg o con mi Andalucía, por la ciudad que fue mi casita temporal, y en la que disfruté tanto, tanto.
Donde llegué cual Alfredo Landa del pueblo para convertirme en una sevillondoner de bandera. Quería unir frases de nostalgia a fotos en blanco y negro sobre puentes que atraviesan el Támesis. Aunar sensaciones de paz a imágenes de parques naturales llenos de verdes abetos ingleses. Rememorar pensamientos fugaces cuando veía en un hervidero de cualquier mañana de mi vida gente de todas razas, etnias, religiones, edades, tribus urbanas... que paseaban cerca de Candem Town o parejitas que se quedaban por Little Italy. Juntar impresiones y recuerdos a imágenes con “big red buses” o frente a las Cámaras del Parlamento, que tantas veces han estado a poco de explotar si nos acordamos de cómics como “V de Vendetta” o de “Sherlock Holmes”. Sentirme un poco el ombliguito del mundo solo por estar pisando el meridiano de Greenwich. Hablar de mis experiencias y contar las historias “inglesas” que en mí dejaron tanto y que hacen que sea quien soy hoy por hoy.

Pero no tengo tiempo. O ganas. Ya veré qué digo.


miércoles, 17 de agosto de 2011

El motor secreto de nuestra sociedad de consumo

Todavía tengo el mismo flexo con el que estudiaban mis hermanos. Mi padre lo arregló como 15 millones de veces, vez arriba, vez abajo.
Mi bici, una BH verde tenía casi tantos parches como los que mi madre les cosía a mis pantalones después de que llegara de jugar, mientras que a mí me embadurnaba en mercromina.
Mi ropa venía de mi sobrina, que era más grande que yo, y pasaba a mi hermana, que era infinitamente más pequeña, pero estaba en las mismas condiciones que la recién comprada por alguien a sus hijos.
Ha habido veces en las que rezaba para que no me consiguieran arreglar la bisagra del plumier, o la cincha de la mochila, porque eran los mismos que llevaba desde el primer año de colegio y tenían demasiados muñecos… pero a mí Dios siempre me ha hecho caso omiso, y todo quedaba en perfectas condiciones para mi desgracia en aquel momento.
No sé contar las veces que me he puesto a pasarle herramientas a mi padre mientras él estaba maquinando cosas debajo del Discovery, del Ford, o del grifo…
Todavía me llega el rico olor del pisto que hacía mi madre con todas las verduras de nuestro huerto, mucho más sabrosas, grandes, sin aditivos, y sin haber sido transportadas de una ciudad o país a mi cocina.
Aun recuerdo la vez que mi patio se llenó de aceitunas de la cosecha de un amigo y nosotros mismos le hicimos la salmuera en casa…creo que no las he probado mejores, y esa es mi sensación, analizo ahora, por lo orgullosa que estaba de haberlo hecho con mis manos.
Ya hace 10 años en mi casa se optaba por comprar productos locales, antes de que los bazares chinos colonizaran el país, aunque ello supusiera un desembolso mayor para la economía familiar.
Por todo ello, he encontrado este vídeo que me han hecho llegar tan interesante. Supongo que no es mucho lo que podemos hacer para evitarlo, pero me alegra ver que, aún en las cosas más nimias, todavía podemos tener esa capacidad de decisión y desafiarlos con un destornillador en la mano.

Disfrutadlo:

http://www.youtube.com/watch?v=lToRpiaMO_U